Publico cada 7 años

El otro día estaba reunida con unas amigas (ese tipo de amigas que son casi como hermanas por su absoluta y grandiosa sinceridad) y salió a colación el tema de este blog.

“—¿Cómo llevas el blog? —dijo la amiga 1.—¿Cada cuánto escribes?”
“—Pues escribe como cada 7 años —dijo la amiga 2. -Risas.”
“—Nooooooooo, cada 7 años no, pero si cada 7 meses.—dije roja como un tomate, siendo totalmente consciente de la percepción de mi amiga de mi frecuencia de publicación.”

A ver, si lo sabía. Pero claro, una cosa es cómo yo le resto importancia internamente al asunto de no publicar jamás con un millón de justificaciones; y otra, bien distinta, es cómo percibe el asunto sin adornos una buena amiga. Después de este shock me fui a dormir.

Al día siguiente en mi intento de cambiar de perspectiva, asumiendo que la metodología que he estado siguiendo no estaba siendo demasiado efectiva, decidí hacer una lista. Lo que no entiendo es porqué he tardado tantísimo en hacer una lista sobre este tema, porque soy adicta a las listas; especialmente a las listas de pros y contras. Casi todas las decisiones de mi vida han tenido como elemento clave una lista de pros y contras. ¿Me mudo? ¿Me desenamoro? ¿Me voy de viaje? ¿Me reinvento? Lista, lista, lista, lista.

Esta lista en cuestión reunía las características del contenido que más me apetece leer la mayoría de tiempo, y no, no, no el contenido que más valoro. Lo primero en que caí es que a veces no me apetece leer una disertación extensa (y corta tampoco) sobre un tema complejo, como por ejemplo cualquier cosa que tenga que ver con lo jodido que está el mundo.
Lo segundo es que admito que me encanta leer a gente que se moja, que dice lo que piensa aunque no sea políticamente correcto ni coincida con lo que pienso.

Y tercero, autenticidad.

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