Tres razones por las que hago listas

1. Permiten sintetizar y ordenar información. La complejidad del mundo en el que vivimos y la sobrecarga de información a la que estamos sometidos nos conduce a un estado de bloqueo para la toma de decisiones o, incluso, a no conseguir llegar a estar realmente informados sobre un tema determinado. Así que las listas son un buen instrumento para aclararse ante todo este embrollo.

2. Hago listas desde que soy pequeña. Cuando era niña no me dormía contando ovejas, pensaba en las tres profesiones a las que me quería dedicar cuando fuera mayor (bióloga marina, astronauta o nadadora profesional), mis tres colores favoritos (verde bosque, morado y azul turquesa), las tres situaciones posibles para no tener que ir a entrenar al día siguiente natación (la tormenta perfecta con sus rayos y truenos, que el entrenador no fuera a la piscina o que me doliera un poco un oído).

3. Disfruto haciendo listas. Simple y llanamente, ya sean útiles y me acompañen durante mucho tiempo, o ya sean fugaces y terminen en cuestión de horas en la papelera.

Reflejos

El reflejo de un espejo se comporta como una persona: puede querernos, odiarnos o simplemente ignorarnos. Todos nos hemos tropezado alguna vez con un espejo en el que no nos reconocemos. Y todos tenemos al menos un espejo que es un amigo íntimo. A esos espejos amigos los mantenemos cerca porque nos devuelven una imagen más amable.

Caminando por la calle a lo largo de los escaparates y portales uno se vuelve a crear a si mismo. De pronto, en la luna de un coche te enfrentas con el desconocido que a veces eres; le miras de reojo, empiezas a reconocerlo. En el escaparate más próximo lo descubres como un ser con buena silueta, en otro percibes por primera vez que empieza a encorvarse, en el siguiente yergue la espalda. Las distintas imágenes que a uno le devuelven esos cristales pueden ser muy distintas: amables, indiferentes, indecisas. Por fin concluyes que la vida no es sino ir reflejando tu figura en el escaparate de lo demás.

También existen espejos que son enemigos declarados. Al entrar en un probador puedes sentirte acuchillado por la espalda. Algunas personas se han salvado huyendo de allí a toda prisa, aunque otras muchas han perecido con el ego destrozado dentro de esos cubículos ultra iluminados de las tiendas de ropa.

Hay reflejos, que como los espejos de los probadores, pueden sacar de la molicie: ante la falta de voluntad un reflejo desastre puede salvarte. Anthony de Mello lo explica del siguiente modo: “Si arrojas una rana en una olla de agua hirviendo, saltará fuera al instante. Si la arrojas en una olla de agua que está calentándose poco a poco, la rana acabará perdiendo la tensión que le permita saltar en el momento oportuno.”

Por qué seguir

Una respuesta, una certeza a por qué seguir. Tan claro una veces, tan oscuro otras. Para esos días, los oscuros, el análogo emocional del hongo yesquero resulta más útil que la queja. Cuatro trozos de hongo yesquero llevaba Ötzi, el hombre de hielo que vivió hace 5.000 años; ya por aquel entonces el alimento de la chispa marcaba una fina línea entre la vida y la muerte. La yesca aviva, engrandece algo pequeño y efímero. Y como la yesca, hay anhelos que nos permite acceder a ciertas ideas de una manera más directa, más pura.

¿Por qué seguir? Por la naturaleza, presenciar la migración de las mariposas Monarca que viajan 4.000 kilómetros desde Cánada y el Norte de los Estados Unidos a los bosques de Michoacán en México. Por contemplar la aurora boreal, o caminar por la arena de una playa iluminada por plancton bioluminiscente.
Por la música – (mientras escribo suena Parklands de Hiatus con Kirtaniyas) – , ciertas melodías revelan tesoros ocultos dentro de nosotros, evaporan lágrimas, promueven suspiros, nos conecta a otros; pero sobre todo a nosotros mismos. Por lo libros no leídos. Y por los leídos que aliviaron insomnios y dejaron una marca profunda en quienes somos.

Por las personas, siempre, siempre las personas.

Sebastião Salgado, con un legado fotográfico que combina belleza y horrores a niveles tan confusos como conmovedores, y su Instituto Terra, esperanzador proyecto que afirma con contundencia: Se puede, hemos repoblado una selva. Yann Tiersen, “Now it’s time to slow down, now it’s time to look around”. Aaron Swartz, cuya corta vida recuerda lo importante, lo mayúsculamente importante, que es compartir.

Yesca y anhelos “porque amas lo que se enciende”, para acceder a certezas a través de ideas como obtener lumbre a través de chispas.
Seguir, porque es el momento de equivocarse, de aprender a desaprender, de echar una mano, de ser generoso y “ahogar este gris con todos los colores del mundo”.

Fotografía de Laura Teodori.